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KIKO ARGÜELLO. Camino Neocatecumental: 40 años de apostolado

AUTOR/ES:

ISBN: 9788497348324

AÑO:

EDICION:

IDIOMA: Castellano

ENCUADERNACIÓN: Rústica

PÁGINAS: 456

DIMENSIONES: 16x24

POPULARIDAD: star rating star rating star rating star rating star rating

RESUMEN DEL LIBRO KIKO ARGÜELLO:
Cerca de 600.000 católicos en España, en su mayoría jóvenes, buscan un compromiso mayor con el Evangelio a través de medio centenar de movimientos, asociaciones religiosas y corrientes de espiritualidad de nuevo cuño, impulsados a la luz renovadora del Concilio Vat... Leer resumen completo

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KIKO ARGÜELLO. Camino Neocatecumental: 40 años de apostolado - DATOS DEL LIBRO

DE INTERES PARA: Biografías, diarios y hechos reales > Biografías y autobiografías
Sociedad y ciencias sociales > Filosofía
PUNTOS CLAVE: Cerca de 600.000 católicos en España, en su mayoría jóvenes, buscan un compromiso mayor con el Evangelio a través de medio centenar de movimientos, asociaciones religiosas y corrientes de espiritualidad de nuevo cuño, impulsados a la luz renovadora del Concilio Vaticano II: Legionarios de Cristo, Regnum Christi, Movimiento Focolar, Renovación Carismática, Opus Dei, Comunión y Liberación, Adoración Nocturna… De todos ellos, más de la mitad lo hacen a través del Camino Neocatecumenal, una realidad eclesial muy querida y apoyada desde Roma por el Papa Juan Pablo II, y en España por el cardenal Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, e iniciada a finales de los años 60 por dos seglares españoles: Kiko Argüello y Carmen Hernández.
2008 ha sido un año decisivo para el Camino Neocatecumenal. El 13 de junio, el cardenal Satnislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, en nombre de Benedicto XVI, entregó a los iniciadores del Camino el documento de aprobación definitiva de sus Estatutos, seis años después de que Juan Pablo II les diera el visto bueno ad experimentum. Se cumplían, además, 40 años desde que Kiko y Carmen catequizaran la primera comunidad romana en la parroquia de los Santos Mártires Canadienses. El 10 de enero de 2009, Benedicto XVI presidió en la Basílica de San Pedro la celebración solemne de ambos acontecimientos. Y ese mismo día el Papa envió en misión evangelizadora a distintos países del mundo a más de 200 familias neocatecumenales.
Pero, ¿qué hay detrás del Camino Neocatecumenal? ¿Cómo se financia? ¿Cómo se inician los "kikos"? ¿Qué prácticas realizan?... Virginia Drake trata de dar respuesta a éstas y otras muchas preguntas en este libro. Para ello, se ha integrado durante algo más de un año en una de sus comunidades; ha vivido en primera persona ese proceso calificado de maduración cristiana, compartiendo con ellos misas, anuncios, convivencias y celebraciones Penitenciales. Fruto de esa experiencia son estas páginas valientes, sinceras y cargadas de honradez, que configuran un trabajo de investigación, apasionante y riguroso, trufado de entrevistas y de largas conversaciones mantenidas con sacerdotes, responsables, catequistas y seguidores del Camino Neocatecumenal.
CONTENIDOS: Primeras páginas del libro:
INTRODUCCIÓN

La primera vez que oí hablar de los «kikos» fue en el funeral de Olga Borrallo, una amiga del colegio, a la que, tras una operación quirúrgica, una imprevista y prolongada septicemia le impidió cumplir los cuarenta y tres años. La última vez que estuvimos juntas, en una reunión de antiguas alumnas, me habló de cómo había superado ciertas crisis personales y de la enorme ayuda que había encontrado en una comunidad de su parroquia. Quedamos en hablar del tema con más calma las dos solas en otro momento; pero no hubo ocasión.

Cuando me enteré de su muerte, impresionada, asistí a su funeral. Me sorprendió la enorme entereza de muchos de sus familiares y amigos a la hora de aceptar que ella ya no estaba entre nosotros. Se respiraba una pequeña dosis de tristeza contenida y una extraña y aparente alegría durante aquella ceremonia, en la que no faltaron guitarras y canciones que nunca antes había escuchado, pero que gran parte de los allí reunidos parecían conocer a la perfección: «El Credo», «Resucitó»... Y aún más: el segundo de sus cuatro hijos, ni siquiera adolescente, fue incluso capaz de entonar desde el coro de la iglesia un Ave María con magistral voz, sin que ésta se le quebrase en ningún momento. Más que un funeral, parecía otro tipo de celebración.

Despistada por algunos ritos litúrgicos, al terminar la misa traté de saber un poco más. Fue entonces cuando me confirmaron que Olga formaba parte de una comunidad de cristianos a la que se había unido hacía ya varios años, perteneciente a esa misma parroquia: «Desde que se unió a una comunidad neocatecumenal —me dijeron— era una mujer nueva. Lo había pasado muy mal hasta que decidió, junto a su marido, entrar a formar parte del Camino y fue muy feliz con ellos. Llegó incluso a ser catequista».

¿Qué son estas comunidades? ¿Quiénes las componen? ¿Pertenecen a un nuevo movimiento religioso? ¿Olga era catequista en una parroquia? Yo no podía creerlo. Durante años, hizo conmigo causa común en la resistencia activa frente a los envites de algunas de nuestras compañeras del Opus Dei, empeñadas en llevarnos por el buen camino. ¿Quién era esta gente de la que nunca había oído hablar y a la que Olga se había unido?
Tiempo después, conocí a M.ª Josefa, una excelente y virtuosa profesora de encuadernación artística —a la que le debo haberme acogido en su taller, con infinita generosidad y afecto, durante la etapa más difícil de mi vida—. Ella también me contó que se había iniciado en el Camino Neocatecumenal y que pertenecía a una de sus comunidades. De nuevo oía hablar de esta realidad eclesial. Le pedí que me explicara. «Somos personas normales y corrientes —me dijo— que queremos vivir nuestra fe en comunidad, como los antiguos cristianos. Leemos la Palabra, las Escrituras, celebramos juntos la eucaristía, tratamos de seguir un camino que nos lleve a la confirmación de las promesas que nuestros padres hicieron por nosotros en el bautismo».
Mi curiosidad crecía. Sabía de la existencia de las Juventudes Marianas, de la Adoración Nocturna, de La Legión de María y, por supuesto, del Opus Dei; pero desconocía quiénes eran los seguidores de este Camino Neocatecumenal. Me puse a ello y elaboré para la revista XL Semanal un reportaje sobre los nuevos movimientos y carismas religiosos. Y así, descubrí que cerca de seiscientos mil católicos en España, en su mayoría jóvenes, buscan un compromiso mayor con el Evangelio a través de medio centenar de asociaciones religiosas, comunidades y carismas de muy diferente sensibilidad, y algunas de nuevo cuño, nacidas casi todas ellas tras la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II: Movimiento Focolar, Renovación Carismática, Regnum Christi, Legionarios de Cristo, Schoenntatt, Comunión y Liberación, Comunidad de San Egidio, Apostolado de Oración, Vida Ascendente... y que, de todos ellos, casi la mitad lo hacía a través del Camino Neocatecumenal, una realidad eclesial muy apoyada desde el Vaticano por el papa Juan Pablo II, y en España por la Conferencia Episcopal, e iniciada por dos seglares españoles: Kiko Argüello y Carmen Hernández1 en unas barracas, a las afueras de Madrid, a mediados de los años sesenta.
Aquellas páginas que publicamos me supieron a poco en proporción a la fuerza que, según pude comprobar, el Camino Neocatecumenal iba adquiriendo dentro y fuera de nuestro país. Me costó llegar hasta Kiko Argüello; pero, al final, lo conseguí. Conocerlo me impresionó. Tenía una mirada muy directa y azul, enfatizaba con enorme fuerza sus palabras, hablaba muy rápido y citaba a borbotones muchas frases del Antiguo y del Nuevo Testamento. Sin apenas conocerme, me preguntó si ya me había convertido, por mis pecados, acerca de mi experiencia de vida y mi compromiso religioso, por mi marido... Se mostró muy seguro y contundente en sus afirmaciones... ¡Me atropelló!
Aquella entrevista que entonces mantuve con él a las puertas de la catedral de La Almudena, poco antes de que iniciase la pintura de parte de sus frescos, no hizo más que aumentar todavía más mi curiosidad por conocer el Camino Neocatecumenal en profundidad, de mantener con Kiko Argüello una larga conversación. Intenté entonces cerrar con él un nuevo encuentro, pero no fue posible.
Unos años después, Ymelda Navajo me ofreció escribir mi segundo libro para esta editorial, en la que me estrené con la biografía Esperanza Aguirre: la presidenta. No lo dudé; le propuse entonces ahondar en la figura de Kiko Argüello como iniciador del Camino Neocatecumenal y dejar que el libro nos marcara el derrotero. Ella tampoco lo dudó.

Mi primer paso fue ponerme en contacto con aquellos seguidores del Camino a través de los cuales conocí en su día a Kiko Argüello, para que le hicieran llegar mi propósito editorial. Me dijeron que Kiko no desea que se escriban libros ni biografías sobre él, porque, aunque trate de evitarse, acaban siendo propagandísticos del Camino y simplificadores de esta realidad eclesial, de esta iniciación cristiana de adultos en la parroquia. A Carmen Hernández tampoco le gusta que se escriban cosas que engrandezcan injustificadamente sus personalidades; y ambos están cansados de que se les critique o calumnie, como ya ha sucedido en muchas ocasiones: «Aun así —me dijeron—, eres libre de escribir honradamente lo que quieras y de entrevistar a quien quieras; tú decides». En definitiva, me aconsejaron que desistiera de mi proyecto editorial si pretendía hacerlo con el apoyo y las bendiciones de Kiko Argüello.

Pero, tras escuchar en reiteradas ocasiones estos consejos, mi curiosidad inicial se convirtió en reto, y mi interés por escribir acerca del Camino Neocatecumenal, en mi principal objetivo. Y así se lo hice saber.

Al final y ante mi tozudez, decidieron colaborar. Me explicaron que no es fácil para alguien que no forma parte de una comunidad comprender el lenguaje y la experiencia cristiana de un catecumenado posbautismal como el que sustenta el Camino y que, por eso y para seguir adelante con mi proyecto, Kiko les había comentado que sería oportuno y necesario que me incorporase al Camino y tratara de vivir en primera persona esta experiencia de maduración cristiana. Y acepté.
Por entonces, ya había indagado sobre lo publicado en nuestro país acerca del Camino Neocatecumenal. Uno de los primeros libros con los que me tropecé, Catecumenado y comunidad cristiana en el episcopado español (1964-2006), escrito por el sacerdote Juan José Calles Garzón, me llevó hasta la gestación de las primeras comunidades de tipo catecumenal en España, fruto de la renovación de la Iglesia impulsada por el Concilio Vaticano II. En este punto descubrí, entre otros, a Mariano Gamo, el primer sacerdote español que formó una comunidad organizada en torno a una parroquia, la de Nuestra Señora de la Montaña, en Moratalaz, Madrid. Por suerte pude localizarlo a través de Javier Baeza, párroco de San Carlos Borromeo. Se acababa de suscitar una sonada controversia entre esta parroquia y el arzobispado de Madrid por la manera, calificada de poco ortodoxa, de interpretar la doctrina de la Iglesia y de llevar a cabo ciertos ritos litúrgicos y determinadas actividades parroquiales. Mariano Gamo se había manifestado públicamente contrario a la decisión de los obispos de prohibir algunas de estas prácticas, y la prensa había recogido sus declaraciones. Así que fue fácil contactar con él.
Durante algo más de un mes, nos citamos una tarde por semana en una cafetería de la Puerta del Sol. Empezábamos a grabar nuestra conversación a las cuatro de la tarde y no terminábamos nunca antes de las nueve de la noche. Le dejaba hablar. Su experiencia me atrapó. Por eso, en uno de los primeros capítulos de este libro se narra con detalle el quehacer de un sacerdote comprometido social y políticamente con los obreros de su parroquia, hasta el punto de trabajar durante muchos años de albañil en la construcción o como celador sanitario; ser detenido reiteradamente por la policía y cumplir condenas de varios meses en la cárcel de Carabanchel, y de dos años en el monasterio de El Paular y en la cárcel de Zamora.

Mariano fue el responsable de la formación de la primera comunidad catecumenal en España. Trató de evitar el bautismo de los recién nacidos, con la consigna de «catequesis, sí; sacramentos, no»; las primeras comuniones de quienes no eran conscientes del significado de ellas y se convirtió en la pesadilla de monseñor Casimiro Morcillo, entonces arzobispo de Madrid. A su vez, Gamo asistió a la formación de la antigua ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), albergó en su parroquia a los miembros de las todavía ilegales Comisiones Obreras y, llegada la democracia, se afilió a Izquierda Unida y fue elegido diputado en la Asamblea de Madrid, en la primera legislatura de Alberto Ruiz Gallardón como presidente del gobierno regional.

La Comunidad de la Montaña, creada por Mariano, se formó a finales de 1964, tres años antes de que empezara a caminar en España la primera comunidad neocatecumenal catequizada por Kiko Argüello y Carmen Hernández. Por entonces, Kiko y Carmen visitaban algunas noches al párroco de La Montaña, en su piso de Moratalaz, cuando todavía vivían éstos en las chabolas de Palomeras Altas. Carmen mantenía largas conversaciones con el cura obrero, pero en su idea de comunidad nunca tuvo cabida el activismo político ni la militancia sindical, en unos años en los que la muerte de Franco y la posibilidad de un nuevo régimen alimentaban la esperanza de muchos españoles que se preparaban para el cambio desde la clandestinidad.

Está claro que nada tienen que ver con Gamo las primeras comunidades neocatecumenales que surgieron después en nuestro país; pero me ha parecido muy clarificador insistir en el origen y desarrollo de la Comunidad de la Montaña, antes de adentrarme en los inicios del Camino Neocatecumenal, al objeto de mostrar dos de las diferentes maneras, casi antagónicas, de entender la renovación de la Iglesia y el aggiornamento que el Concilio Vaticano II propuso a finales de los años sesenta.

Unos meses antes de entrevistarme con Mariano Gamo, yo ya había entrado en contacto con la parroquia de los carmelitas, de la calle Ayala, en Madrid, donde José Luis, su párroco, y Sara y Juan Carlos, un matrimonio neocatecumenal pertenecientes a la primera comunidad, me recibieron muy acogedora y generosamente. Me invitaron, entonces, a asistir a las catequesis, primero, y a la convivencia en una casa de ejercicios a las afueras de Madrid, después, como paso previo para entrar a formar parte de la sexta comunidad de la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo. «La sexta del Carmelo», para entendernos.

Con ellos he iniciado el Camino y gracias a ellos he conocido a decenas de hermanos neocatecumenales dentro y fuera de Madrid con los que poder hablar para entender mejor su iniciación adulta en la maduración de la fe, tal y como propuso Kiko Argüello. Durante estos últimos doce meses he asistido en distintas parroquias a la preparación a la Pascua, celebración de la Palabra, convivencias, eucaristías, actos penitenciales, anuncios de Adviento y Cuaresma... y he tratado de ponerle rostro al Camino Neocatecumenal, recogiendo los testimonios de más de cuarenta hombres y mujeres, que caminan en las diferentes etapas de esta realidad eclesial.

De esta manera, he podido hablar con monjas de clausura, sacerdotes diocesanos y otros de diferentes órdenes religiosas, seminaristas, catequistas, familias en misión y, también y con mucha dificultad, con Kiko y, más aún, Carmen.A todos ellos quiero agradecerles sinceramente la colaboración que me han prestado, indispensable para poder escribir este libro, y las largas conversaciones que hemos mantenido, gracias a las cuales he podido dibujar, con mayor o menor acierto, los vericuetos de este itinerario de formación en la fe adulta que se gestó hace más de cuarenta años en las barracas de Palomeras Altas (Vallecas, Madrid).

Quiero señalar que el año 2008 ha sido clave para el Camino Neocatecumenal. El 13 de junio, en Roma, el cardenal Rylko hizo entrega a los responsables del Camino de los estatutos definitivos aprobados por el papa Benedicto XVI, seis años después de que Juan Pablo II les diera el visto bueno ad experimentum. A su vez, el pasado mes de noviembre, se cumplieron los cuarenta años de la formación de la primera comunidad neocatecumenal en Roma, la de la parroquia de los Mártires Canadienses.2 La celebración de este aniversario se ha hecho coincidir con el último envío de más de doscientas familias en misión, el 10 de enero de 2009 en la basílica de San Pedro. Sin duda, todos estos acontecimientos han hecho que éste sea el mejor momento para que este libro vea la luz.

Finalmente, me gustaría precisar que, al abordar esta obra, mi único propósito ha sido el de trasladar al lector la visión de los cuarenta años de apostolado de Kiko Argüello y de Carmen Hernández a través del Camino Neocatecumenal, con la precisión de quienes han participado o participan de él; así como de divulgar la experiencia de Mariano Gamo, responsable de la formación de la primera comunidad de tipo catecumenal en nuestro país. Este firme propósito me ha obligado a mantener la más estricta neutralidad, que he procurado observar en todo momento. Dejo, pues, en sus manos la lectura crítica de estas páginas.

VIRGINIA DRAKE
DATOS DEL AUTOR: Virginia Drake   Virginia Drake estudió Periodismo en el CEU y se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid (1975-1980). Fue redactora de informativos en Radio Exterior de España y subdirectora de programas en Radio 80, Radiocadena Española, Radio Nacional de España y Radio España. Ha sido directora de Comunicación y Relaciones Externas de la Cadena COPE y del INAEM (Ministerio de Cultura), redactora jefe de Documentación en el diario Ya, y de Sociedad, Cultura y Documentación en La Información de Madrid. Fue subdirectora de la revista AR y ha participado en diferentes tertulias de radio y televisión. En la actualidad, colabora en la revista XLSemanal, del grupo Vocento, y en la tertulia La espuela, de Radio Intereconomía. En su faceta editorial, es autora de las biografías Esperanza Aguirre. La presidenta, Kiko Argüello. El Camino Neocatecumenal, y Revilla. Políticamente incorrecto, publicadas en La Esfera de los Libros.

KIKO ARGÜELLO. Camino Neocatecumental: 40 años de apostolado

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